Un año más los medios nos bombardean con especiales sobre el Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, y van treinta. Lo que pasó aquel día parece más o menos claro y, lo que pasó después, también. Aunque seguimos sin saber lo que precedió al golpe.
Alfonso Guerra, ha dicho en muchas ocasiones, hoy por última vez en "Los Desayunos de TVE", que durante las dieciocho horas en las que se mantuvo secuestrado a los poderes ejecutivo y legislativo, estuvieron intervenidas las comunicaciones y, que de esas grabaciones, nada se sabe.
Jordi Pujol, en sus memorias, va mucho más allá señalando que un gobierno presidido por un militar democrático era una opción que manejaban muchos partidos, en especial el PSOE, desde antes de 1980.
Quién sabe. Cada cual cuenta la historia según le parece. Por ejemplo, en el diario HOY, se publica una entrevista con un entonces diputado de UCD y jefe de gabinete del Ministro de Sanidad, que hoy es, nada más y nada menos, secretario personal del Obispo de Cáceres, en el que, nos informa que, Santiago Carrillo, sí se tiró al suelo. Sin embargo él no lo hizo, no por valiente, sino porque no había sitio. ¡Qué cosas! menos mal que hay imágenes.
Yo estoy seguro que lo que pasó entonces está más o menos claro. A falta de la implicación política, que sin duda debió existir. Lo que no me explico es que los cabecillas fueran, poco a poco, indultados; algo que, al menos, mosquea.
Ya han pasado treinta años. Y en cada aniversario, salen nuevos documentos a la luz, como las actas de los hechos en el hemiciclo, que redactó la Mesa del Congreso. El problema es que los testigos se van haciendo mayores. Con el paso de los años, el 23-F pasará a formar parte del oficio del historiador. Y en este enlace, uno de ellos, nos deja un gran artículo, publicado en el Periódico de Extremadura. Saludos.

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