Esto de estar en crisis es algo bastante pesado. Ayer leía en algún digital que si bien nuestros padres eran la generación X (pasaron por el mundo como una simple ráfaga de viento), nosotros éramos la generación "ni...ni"("ni estudia, ni trabaja", algo así como "ni está, ni se le espera"). Y es que claro, parece ser que nacimos en una época de un crecimiento tan desorbitado, que nunca pensamos que nuestro privilegio, nuestro vivir como ricos sin serlo, fuera a acabar en algún momento. Por eso no nos preocupamos de nada, y ahora estamos sin trabajo y sin estudios, por lo visto. Hoy, el diario Público, titulaba que más del 40% de los jóvenes entre 18 y 35 años están en paro. ¿Es eso admisible? yo creo que no.
Cuando estaba en tercero de ESO, un profesor me advertía cada dos por tres "Víctor, esto acabará pegando el peo". Incrédulo adolescente que era desviaba mis inquietudes sociales hacia otros menesteres, mientras que "el peo" se preparaba a pasos agigantados para ser recordado como el inicio de algo nuevo, o, esperemos, el fin de algo viejo.
Y es que como ya he dicho varias veces, estamos en un mundo económicamente esquizofrénico, que se mueve por impulsos y sin coordinación, y en el que la lógica, la justicia o la democracia están completamente desterradas en lo que respecta a la gestión de los recursos. Lo raro, es que no nos hundamos en el fango hasta límites medievales y nos alimentemos los unos de los mocos de otros.
Hablaba con una persona que se dedica a la venta de inmuebles, y me recordaba algo interesante la semana pasada. Por lo visto, la venta ha caído empicada, sobre todo la venta de primeras viviendas. Sin embargo, la venta de viviendas e inmuebles como inversión, en algunos lugares continúa al alza. ¿Cómo es posible? Hay gente que se ha forrado y tiene que gastar el dinero, y aprovechando que el precio comienza a caer y que el Guadiana pasa por Mérida, pues invertimos unos milloncejos. Y es que para que pegara este "peo" la situación, hay mucha gente que se ha tenido que forrar a costa de todos y todas. Yo me pregunto hasta cuando la sociedad (porque es la sociedad la que callaba, calla y callará, según van las cosas) permitirá tanta injusticia, desigualdad y libertinaje mercantilista.